El café peruano ya no solo acompaña las mañanas: también conquista paladares y mercados internacionales. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones de café sin tostar y sin descafeinar alcanzaron los US$323 millones, convirtiéndose en el principal producto de las exportaciones agrarias tradicionales del país.
Detrás de esta cifra existe una historia marcada por la diversidad de los territorios peruanos, el trabajo de miles de familias agricultoras y una creciente apuesta por cafés de mayor calidad. Desde las zonas altas de los Andes hasta los mercados internacionales, el grano peruano viene ganando reconocimiento por sus características particulares.
El secreto está en la altura, la variedad y el cuidado
Una de las grandes fortalezas del café peruano es su diversidad. En distintas regiones se cultivan variedades como Typica, Caturra, Bourbon y Catimor, cada una con características que pueden variar según el suelo, el clima y la altitud donde se desarrolla.
Muchos cafetales se encuentran por encima de los 1.500 metros sobre el nivel del mar, condición que favorece el desarrollo de determinados perfiles de taza, entre ellos una mayor acidez y complejidad.
Pero la calidad no depende únicamente de la altura. El trabajo continúa después de la cosecha, con procesos de selección, procesamiento y secado que resultan determinantes para conservar las características del grano.
Por ello, una taza de café peruano puede sorprender con notas frutales, de nueces, cacao o miel, dependiendo de la variedad, el territorio y el proceso empleado.
En los llamados cafés especiales, además, la calidad debe ser comprobada mediante evaluaciones y procesos de catación. Estas pruebas permiten identificar atributos sensoriales diferenciados y verificar que el café no presente defectos importantes.
Miles de familias están detrás de cada taza
El café forma parte de la economía de numerosas comunidades del país. Actualmente, su cultivo se desarrolla en 16 regiones del Perú, entre ellas San Martín, Cajamarca, Junín, Cusco, Amazonas, Huánuco y Pasco.
La dimensión de esta actividad también puede observarse en la superficie destinada al cultivo. El país cuenta con aproximadamente 427 mil hectáreas dedicadas a la producción de café.
Sin embargo, detrás de estas cifras existe principalmente el trabajo de pequeños agricultores. Alrededor del 85 % de los caficultores son pequeños productores que trabajan parcelas de entre una y cinco hectáreas.
Cada cosecha representa, por ello, mucho más que una producción agrícola. Para miles de familias, el café constituye una fuente fundamental de ingresos y una actividad que se transmite de generación en generación.
El reconocimiento internacional también empieza a reflejar ese esfuerzo. En el Concurso Internacional de Cafés Tostados de Origen AVPA París 2026, organizaciones cafetaleras de Puno obtuvieron medallas de oro, plata, bronce y reconocimientos Gourmet.
Estos galardones se suman a otros antecedentes que han contribuido a posicionar al café peruano en el exterior. Uno de los casos más recordados es el café Tunki de Puno, que obtuvo un importante reconocimiento internacional en 2010.
Los resultados alcanzados por los productores peruanos fortalecen especialmente la valoración de los cafés de altura y abren nuevas oportunidades para ingresar a mercados donde los consumidores buscan productos con identidad, origen y características diferenciadas.









