Este sábado 8 de noviembre, Rodrigo Paz Pereira asumió la Presidencia de Bolivia en medio de profundas turbulencias económicas y políticas. Según se conoció, su investidura se celebró ante una decena de jefes de Estado como Javier Milei (Argentina), Gabriel Boric (Chile), Daniel Noboa (Ecuador) y Yamandú Orsi (Uruguay).
Paz tendrá el reto de mejor la economía
Es así como, Paz hereda una economía que ha perdido ritmo tras la caída de la producción de gas natural, lo que redujo inhibidores de ingresos y provocó un desabastecimiento crónico de combustible y falta de reservas en dólares. La inflación acumulada al noveno mes del año alcanzó un 18,33 %, mientras productos básicos y servicios se encarecieron fuertemente.
En tal sentido, su primera comparecencia señaló que impulsa un modelo de “capitalismo para todos”, que incluye créditos baratos para emprendedores y menores aranceles a la importación de tecnología y vehículos, como parte de un amplio viraje económico.
En el plano exterior, marcó un cambio sustancial: Tras casi dos décadas de distanciamiento, Bolivia busca recomponer relaciones con Estados Unidos (EE. UU.). En Washington, Paz se reunió con el secretario de Estado de dicho país con la finalidad de abrir una nueva etapa bilateral.
No invitó a ciertos presidentes a la ceremonia
El nuevo gobierno también tomó distancia de regímenes con los que se tenía vinculación hasta ahora; el acto de investidura excluyó a los países Cuba, Venezuela y Nicaragua, lo que provocó la suspensión de Bolivia del bloque Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
Cabe mencionar que, en lo político, Paz llegará al mando sin mayoría absoluta en el Legislativo, lo que le obligará a buscar alianzas para aprobar reformas. En consecuencia, su mandato se abre con la promesa de transformación, pero también con la necesidad urgente de generar gobernabilidad y revertir una crisis con múltiples frentes abiertos.









